POV: estás en una cita perfecta, son las 19h y aún es de día

Hay algo peligrosamente romántico en las citas que alcanzan su momento cumbre en la golden hour. Porque las citas nocturnas tienen fama, pero es en las de la tarde donde muchas veces surge la magia. Lo típico: quedas a la hora del café para tomar algo rápido y, cuando vuelves a mirar el reloj, son las 19h pasadas y la persona que tienes delante ya ha empezado a cambiar tu vida un poco.

Por más que nos empeñemos en limitarnos a un café o a una birra rápida, al final sabemos que, si hay química, nadie se va corriendo a ninguna parte.

¿Por qué las citas funcionan mejor en horario de verano?

Porque vayas donde vayas, todavía hay luz. La ciudad sigue funcionando sin descanso, la gente sale a la calle con buen humor y las terrazas se llenan. Alrededor de ese bullicio, dos personas se conocen dentro de una pequeña burbuja donde simplemente están presentes (qué concepto tan raro últimamente). Nada parece forzado porque no existe esa presión cinematográfica de “la gran cita nocturna”. Es como si el día, todavía abierto, quitara un poco de peso a todo.

Las 19h son las nuevas 2 AM emocionales

Si no os ponéis íntimos a ciertas horas, la golden hour lo hace por vosotros. Hay algo privado en ver cómo cae la tarde con alguien que acabas de conocer. Primero habláis de cosas normales, pero luego llega ese cambio de luz en el que se da paso a la anécdota personal, la opinión sincera, un cumplido tímido… Como si el día estuviera bajando revoluciones a la vez que vosotros vais encendiendo los motores de la confianza.

La clave está en la luz

Las 19h, las 20h, las 21h… tienen una energía brutal. Todavía podéis veros bien las caras y observar pequeños gestos y detalles. No hay trampa ni cartón. También hay más estímulo visual alrededor, o sea que el foco de la mirada no está tan comprometido. Algo puede distraeros o llamar vuestra atención sin motivo aparente. Seguís siendo el centro de interés de todo lo que ocurre, pero no se vive como algo tan evidente. Quizá por eso muchas citas perfectas ocurren justo ahí, en ese momento intermedio donde el día todavía no termina y la noche aún no empieza.

La oportunidad de poder improvisar

Aunque la noche sea divertidísima, hay cierta limitación en los planes que puedes hacer con una persona a la que acabas de conocer. Pero la tarde es diferente. Si son las 19h y sentís que estáis a gusto el uno con el otro, aún hay tiempo de levantaros de la terraza y proponer un cine, coger un tren al centro, pasear, entrar en alguna tienda, subir a un mirador… Qué sensación rarísima y bonita esa de conocer a alguien y sentir que, aunque sea por unas horas, todavía pueden pasar mil cosas.

Y tú, ¿alguna vez quedaste con alguien de adopte una tarde cualquiera y acabó convirtiéndose en un felices para siempre?

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