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Ese beso que nunca fue y que aún recuerdas

Todos tenemos en la cabeza el primer beso y el último que alguien nos dio, pero ese beso que se quedó suspendido en el aire y atrapado en un ¿y si...?, ese beso, justo el que que nunca sucedió, ¿a dónde fue? Ya te lo decimos nosotros: a un lugar VIP en tu memoria. Ríete del poder de un beso que se sueña y se idealiza hasta el punto de superar cualquier otro beso vivido. Y es que donde hay deseo, hay besos pendientes que dejan huella. Pero... ¿Por qué nos pasa?

TOP 5 SEÑALES DE QUE AÚN NO HAS SUPERADO ESE NO-BESO

  • 1. Escuchas una canción random y automáticamente piensas en esa mirada que cassssssi se funde con la tuya.

  • 2. Vuelves a explicar ese momento por undécima vez a tus amigas.

  • 3. Tienes diálogos imaginarios donde todo es perfecto y el beso siempre se acaba produciendo.

  • 4. Dices "no importa, no me afecta" y cinco minutos después te quedas mirando al vacío.

  • 5. Sigues stalkeando sus redes "solo por curiosidad antropológica" (o eso crees tú).

Si te has reconocido en tres respuestas o más... Enhorabuena: aún vives en ese beso.

La emoción de lo inacabado y las deudas pendientes

El refrán dice que queremos lo que no tenemos, y la ciencia confirma que sí, que el cerebro humano es un niño caprichoso que se alimenta de narrativas que le permiten construir significados. Has entendido bien: a tu cabecita le va el salseo y le encanta que vivas historias emocionantes con otros individuos (y si son románticas, ¡mucho mejor, claro!). Ese beso que nunca fue se vuelve una especie de símbolo de lo que crees que hubiera sido perfecto. Sin narices chocando, sin nadie diciendo algo raro justo después… Sencillamente, en tu mente todo salió impecable, y claro, así cualquiera se vuelve inolvidable.

Los 'casi algo' que lo son casi todo

El recuerdo selecciona lo importante, el contenido que interesa. Como Estopa en La raja de tu falda, pasará el tiempo y se te olvidarán sus ojos, su cara, pero nunca lo que te hizo sentir la raja de su… ¿sonrisa? Y además, como no hubo colofón final, el cerebro lo guardó en modo "pendiente". Una especie de recordatorio interno del tipo: "Y si nos hubiéramos besado, ¿dónde estaría ahora nuestra casa en la playa?". Apenas tuvisteis algo, ya lo sabemos, pero en tu cabeza has terminado de completar la historia en todas sus versiones posibles.

¿Y si acaba pasando?

Tiene un total de cero unidades de importancia si ese beso fantasma tuvo lugar hace dos días o durante el verano de tus 15 años. En tu interior, estás convencida de que aún tienes una chance y estás dispuesta a que tarde o temprano se acabe produciendo. Di que sí, chica. La vida es rara, y los mensajes inesperados a las 3 a. m. aún más. Si sientes que el gusanillo de ese beso que no distes está pidiendo pista de despegue, sácalo de boxes y dale una oportunidad. Aunque ojo, alerta, una vez se ha dado el beso, no se aceptan cambios ni devoluciones. Si resulta que acaba siendo un chasco, quizás te pases la noche en vela preguntándote por qué narices fantaseaste tanto. En fin, no te fustigues, son cosas que pasan.

Cuando el beso ya nunca será posible y te invade una culpa infinita

Primero de todo: no estás sola. Todos hemos sido torpes ante la oportunidad de un beso al que le teníamos mil ganas. Si ese barco del besuqueo partió para siempre, respira hondo y sigue estos consejos:

  • - No luches contra el recuerdo y quédate con lo bueno. Evita pensar en tus torpezas, en tus inseguridades, en esa timidez que te bloqueó. Elige recordar el deseo que ambos sentisteis y el sentimiento que se palpaba en el ambiente, porque todo eso sí fue real, y te pertenece.

  • - Un poquito de humor, que siempre ayuda. La cagaste, okey, pero de todas las lecciones se aprende. Trátate con la ternura con la que tratarías a alguien que no supo reaccionar ante un beso que se moría de ganas de dar.

Cuando un beso que deseas con todas tus entrañas acaba por frustrarse… ya no hay marcha atrás: tu inconsciente se va a obsesionar. No hay un cierre, no hay final. Y lo que no culmina, permanece. Ya no ocurrirá, de acuerdo, pero cuídalo. Déjalo ahí, brillando como una estrella fugaz. Y cuando quieras, sonríe y recuérdalo sin drama.

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